El aumento del precio del petróleo impacta en el agro: la soja gana terreno frente al maíz

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Un análisis de la Universidad Austral señala que la coyuntura global, con energía y fertilizantes más caros y nuevas normas para biocombustibles, está redefiniendo la rentabilidad y las decisiones de siembra a nivel mundial, favoreciendo a la soja.

La combinación de conflictos geopolíticos, el aumento de los costos energéticos, nuevas regulaciones para biocombustibles en Estados Unidos y expectativas de una reactivación comercial entre Washington y Beijing está modificando la lógica del mercado de granos. Según un análisis de Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, este nuevo escenario favorece a la soja, ejerce presión sobre el maíz y comienza a reconfigurar las decisiones de siembra a escala global.

El informe de la Universidad Austral ubica a la soja como uno de los principales activos beneficiados por la coyuntura actual. El conflicto en Medio Oriente elevó el costo de la energía y de los fertilizantes, mientras que la posibilidad de extender el acuerdo comercial entre Estados Unidos y China suma expectativas de mayor demanda. A esto se agregan nuevas normas de biocombustibles en Estados Unidos, interpretadas por el mercado como alcistas para la oleaginosa.

La clave, según el análisis, reside en la interconexión de estos factores. El aumento del petróleo encarece los combustibles y una parte importante de los insumos productivos. El incremento en el precio de los fertilizantes reduce el atractivo relativo de los cultivos que requieren mayor inversión. Simultáneamente, las señales de un mayor consumo de aceite vegetal para biocombustibles fortalecen la demanda de soja.

Dante Romano resume este cambio de incentivos: «Estamos viendo un escenario donde los altos costos de insumos, especialmente fertilizantes, están empujando a los productores a volcarse hacia la soja, que requiere menor inversión relativa». El reporte señala subas de hasta el 40% en fertilizantes nitrogenados y un avance del Brent en los mercados internacionales.

Este reordenamiento no se limita a movimientos de precios a corto plazo. El informe plantea que los productores norteamericanos podrían realizar un cambio significativo en la superficie sembrada en la próxima campaña. Si bien el USDA publicará su reporte oficial de intención de siembra a fin de mes, el análisis advierte que esos datos podrían no reflejar completamente el impacto más reciente del encarecimiento de los fertilizantes.

La relación es directa: el maíz suele requerir una inversión más elevada en fertilización, por lo que un salto abrupto en los precios modifica su rentabilidad esperada y mejora la posición relativa de la soja. La expectativa de una mejora en la relación comercial entre Estados Unidos y China reforzaría aún más este incentivo.

Desde el lado de la demanda, el informe destaca la reciente promulgación de normas de biocombustibles en Estados Unidos, que fijan objetivos récord de mezcla para 2026. El mercado interpreta que esto fortalecerá la demanda de aceite de soja, agregando un sostén estructural para el cultivo.

Con este trasfondo, se espera que la superficie sembrada con soja en Estados Unidos aumente en al menos 1,5 millones de hectáreas. El fenómeno no estaría limitado a ese país, observándose una posible migración adicional de área desde cereales hacia oleaginosas también en Europa. En contrapartida, el maíz enfrenta un panorama más complejo en el hemisferio norte, donde el impacto de los fertilizantes podría recortar en más de 2 millones de hectáreas la superficie destinada a este cultivo.

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