Todo muy superado, muy liberal

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«No le debo nada a Entel»

La frase, lanzada casi como un chiste, funcionaba en 1982 como una declaracin de principios. Entel era la empresa estatal de telecomunicaciones, smbolo de un Estado presente, imperfecto pero propio. No deberle nada era, en el fondo, no deberle nada al pas que se estaba intentando reconstruir tras la noche ms oscura.

Spinetta, Charly Garca y Pedro Aznar no estaban escribiendo una consigna partidaria. Estaban poniendo en palabras -y en msica – una esperanza: la de un Estado de bienestar posible, la de una vida donde llegar a fin de mes no fuera una hazaa individual sino un derecho colectivo.

Cuando en la cancin se pregunta te alcanza la renta? , la respuesta es brutalmente honesta: no.A quin ?

Y ah estalla la protesta: «Crtenla! Djennos vivir en paz!«

No era rebelda adolescente. Era cansancio social.

La protesta como irona

La genialidad del tema est en su forma. Nada es lineal. Nada es prolijo. Todo parece una sucesin de imgenes sueltas: el supermercado, el vino prestado , hoy ese vino representara como la clase media y baja argentina tienen sus tarjetas de crdito explotadas …el peluqun perdido, el telfono que irrumpe. Pero esa fragmentacin es el espejo de un pas roto, de una subjetividad atravesada por la incertidumbre.

Cuando dicen «Squenla un poquito«, no piden desaparecer del mundo. Piden que aflojen. Que dejen respirar. Que no avancen ms sobre la vida cotidiana.

Hoy esa frase vuelve a doler.

De Entel a las corporaciones

La irona histrica es feroz. Entel ya no existe. Fue privatizada en los aos noventa. En su lugar llegaron las corporaciones multinacionales: Telefnica y le sucedieron otras , Movistar , Claro, Personal. No hay dilogo posible. No hay opcin real. Hay aumentos constantes, servicios que se pagan incluso cuando no funcionan y usuarios cautivos.

El «no le debo nada a Entel» mut en le debemos todo a empresas que no nos deben nada.

Y mientras tanto, el Estado se corre.

Privatizar es perder soberana

Con la llegada de Carlos Menem al poder, la privatizacin de empresas estratgicas se convirti en poltica de Estado. Entel fue una de las primeras. Se la fragment y se la entreg, entre otros, a Telefnica de Espaa. Es cierto: el sistema se moderniz. Pero la pregunta que nunca se respondi -y que hoy vuelve con ms fuerza- es a qu costo.

Un pas que se siente soberano no puede dejar las comunicaciones en manos extranjeras. No puede resignar YPF, sus yacimientos petroleros ni su energa. No puede entregar las autopistas a concesiones privadas ligadas a familias de poder como los Macri . No puede destruir los trenes ni desmantelar su conectividad.

Cada privatizacin fue una renuncia poltica. Una prdida de control. Un paso ms en la cesin de soberana.

Aerolneas Argentinas, recuperada durante el gobierno de Cristina Fernndez de Kirchner, volvi a estar en la mira. Lo mismo YPF, reestatizada en 2012, pero permanentemente amenazada por los mismos sectores que nunca aceptaron que los recursos estratgicos estn en manos del Estado.

Extractivismo y entrega

La misma lgica se replica con la minera. En Mendoza se otorgan beneficios amplsimos a los inversores mineros . Nadie discute la necesidad de ampliar la matriz productiva. Lo que se cuestiona es hacerlo a precio vil, entregando recursos naturales a cambio de regalas mnimas que no alcanzaran ni siquiera para reparar un dao ambiental posible .

Se habla de desarrollo, pero se firma dependencia.

Se promete crecimiento, pero se consolida el saqueo.

Industria que cierra, trabajo que se pierde

Los datos son contundentes. En los ltimos meses se perdieron ms de 250.000 puestos de trabajo registrados.

La industria y la construccin son los sectores ms golpeados. Decenas de miles de pymes cerraron o redujeron personal. Fbricas que tardaron dcadas en construirse apagaron sus mquinas en silencio.

La desocupacin ronda el 7%, con picos ms altos en jvenes. La informalidad supera el 40%. Y la inflacin, aunque desacelerada, sigue siendo cercana al 2,8 % mensual en el mes de diciembre 2025 , golpeando especialmente a alimentos, transporte, energa y servicios bsicos.

El salario no alcanza. El trabajo ya no garantiza dignidad.

Un pas cada vez menos soberano

La prdida no es solo econmica. Es poltica y simblica. Se resigna soberana energtica, comunicacional, area. Se aceptan alineamientos externos sin discusin. Se naturaliza que los recursos estratgicos estn en manos privadas o extranjeras.

Un pas que no controla su energa, sus comunicaciones, su transporte ni su produccin no decide su destino.

El tiempo que pas y el que no pas

Pasaron ms de cuarenta aos desde 1982 hasta este 2026. Cuatro dcadas de democracia. Y, sin embargo, la sensacin persiste: la cosa sigue igual o peor.

Qu habrn pensado aquellos jvenes Spinetta, Charly Garca y Pedro Aznar cuando crearon esta cancin? Seguramente anhelaban ese Estado de bienestar. Un pas donde el trabajo alcanzara, donde el futuro no fuera una amenaza, donde la soberana no fuera un discurso vaco. En una parte de la cancin dicen , el poeta tena razn , la balsa hay que tomar , esa balsa estara en Ezeiza ? La migracin siempre fue na alternativa en los 80 escapando de la dictadura.

O de la hiper inflacin de Alfonsn .

Quizs en los 90 escapando del neoliberalismo de Menem , en los 2000 huyendo de Fernando de la Rua . 

E irnicamente del 2005 al 2015 se invirti la ecuacin , repatriamos cientficos , exiliados que volvan a su pas .

Lo ms inquietante no es que el sueo no se haya cumplido del todo.

Lo ms grave es que todava tengamos que explicar por qu ese sueo era legtimo.

Una coincidencia final

La cancin se llama «Peluca telefnica«.Y como si la historia insistiera en su irona, el apodo del actual presidente, «el Peluca» , vuelve a cerrar el crculo con una motosierra en mano , como si esa imagen simblica hiciera que no hagan falta palabras para describir su gestin . 

Un gobierno que impulsa la privatizacin de lo esencial, entrega recursos estratgicos y vuelve a poner al pas en venta.

Todo muy superado. 

Muy liberal.

Pero la cancin sigue diciendo, ms de cuarenta aos despus, lo que muchos todava no se animan a decir en voz alta.

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